domingo, 18 de agosto de 2019

Recuerda, eres el Idiota

Vuelvo a doña Elini.
El setenta y cinco por ciento de mis seguidores en twitter son palestinos, sirios, árabes... A qué comunicarles lo que saben sobradamente: "Una diputada radical israelí pide que sean asesinadas todas las madres palestinas."
"Museo de la Gestapo evoca a regímenes actuales", escribió Robert Fisk hace unos días.
3:24 am, dejo la cama y vengo aquí aunque al rato debo viajar y estoy débil.
Doña Eleni es la compositora predilecta de Theo Angelopus para sus películas. 
"Desperté con esta cabeza de mármol en mis manos, que agota mis brazos, y no sé donde dejarla", dice él repitiendo a un poeta, griego también.
Despertar, en aquellas tierras que para mí tienen aires mágicos y no por su prosopopéyica antigüedad, como les aclaré hace tiempo. Son los hermanos y madres en la secuencia quienes me importan, con don Theo, claro, y sus personajes todos.
Pasaron cinco horas aquí imperceptibles y pensé ya si he de meterme donde el mar se abronque pues, segunda patria, puede costarle trabajo. ¿Cuando hace diez días creí encontrar la fuente de la eterna juventud y K, ayudada por una lejana, favorable luz, decía verme hermosísimo mientras nos besábamos? ¿Dónde quedó ese hombre que hoy casi se avergüenza frente al espejo? 
Viejísima historia mía con las apariencias, también del conocimiento. Apenas me doy cuenta que mayoritariamente nuestras organizaciones sociales están con la 4T.
Un sesenton de aire enfermizo no pierde dignidad si es un ser pensante, ¿verdad? Hasta puede resultarle útil la facha. 
-Báñate, guarda esa muy buena docena de libros que regalarás y duerme cuanto puedas en las siete horas sin tabaco.
En Palestina seguirán cazando niños y niñas y aquí al lado asesinaran a seis mujeres en el día y cada seis minutos abusarán de una de ellas, menores, sobre todo.           
 

sábado, 17 de agosto de 2019

Una mala crónica

Es jueves y el ambiente parece creado para provocar. "En caso de violación, pruebas genéticas se perdieron." Eso aquí, aunque hasta donde tengo memoria corresponde fielmente a nuestros métodos policiacos para investigar, resulta imperdonable, porque cuatro agentes fueron denunciados por violación y se cumplen ocho meses y medio de la mayor insurreción, electoral ahora, en cien años, y esta capital federal parece volverse otra vez el oasis que permitió el derecho al aborto y los matrimonios homosexuales, y está presidida por una mujer, Claudia Sheimbaum.
Otros dos casos recientes con cierta, posible  relación, hacían más insoportable aquello, en el reino latinoamerciano del feminicidio que es México, y coronaban con madame Sheimbaum y su habitual gesto hecho Meme, "¿Ahora qué?", fustigando a quienes cometieron esta monumental tropelía:
Secretarío de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México
atacado con diamantina.
Y nueva información se producía: Chofer y cacharpo abusan de una jovencita en su camión. Qué novedad si: "Cada 18 segundos una mujer es violada" (Lydia Cacho). 
Hasta yo, que me prometí no hablar sobre temas cuyo manejo deben reservarse las feministas, despotriqué contra mi género por los siglos de los siglos, hasta quedar en una extraña posición pues parecía validar cosas como que los hombres cuando tienen sexo, no importa las condiciones,  violan.  
El viernes hubo marcha. 

Sectores muy beligerantes escalan su descontento. 
 
 




Hay una comprobada, solitaria provocación. El joven terminó dando terrible golpe a un periodista.
Entre la euforia que sigue, hay desmesuradas declaraciones: "Este gobierno no es distinto. Reprime la protesta y criminaliza a quienes exigimos justicia." Y muestra un video donde los granaderos se limitan a rodear una estación oficial:
https://www.facebook.com/luriojas/videos/vb.1482296091856938/2392246961020318/?type=2&theater.
Alguien le refresca la memoria: 
En fin, el problema no es cómo se dimensiona un día.
La violencia de género quizá es la cuestión mayor en este país, por efectos y significados.
  

jueves, 15 de agosto de 2019

Indiciada

La ahora indiciada pertenecía a la secta política cercana a mí. Algo más joven que yo, supimos
uno de otro, poquito. Nació el partido hoy gobernante por interpósita figura y ella hizo productiva carrera. 
Necesité trabajo cuando de forma reconocida la izquierda triunfó electoralmente en lo que fuera y no resultó cualquier cosa: nuestra gran capital. El último de tres años la ya señora, R, quedó al frente. 
Di lata y lata por una taquillera del Metro a quien sus siniestros dirigentes sindicales ordenaron violar, según presumíamos. R no quiso echarse bien a bien el tiro con ellos, quienes amenazaban descarrilar vagones debido a otros motivos, pero abió un juicio. 
En los tres años siguientes nada parecía detener su camino a la presidencia. Manejaba masas como si fuéramos bolillos y a lo repentino para un estúpido como yo apareció el quid. La madame jugaba en grandes ligas sin que se supiera. 
Nuestro Lady MacBeth masculino, alias el Ratón, estaba relacionado vaya a saberse cómo en el asunto, y así hasta Fidel Castro, siempre forzosamente involucrado en los México affaires.
Tal vez un día conoceremos la real historia que vivimos a lo Corin Tellado: Se enamoró, al tipo ni Matahari le hacía sombra... 
A partir de entonces este país descubrió a su más siniestra mujer... a la vista.
Sus mejores viejos amigos percibieron desde el principio una ambición singular. No basta para explicarla, creo, y sirve entonces esa sentencia que detesto por simplona: el poder corrompe y el poder absoluto... 
¿Cuándo adquirió, señora, tal capacidad para pasar sobre cualquier norma? Imagino que al asomarse a aquéllos circulos la contagió su máxima: solo unos cuantos deciden, no importa qué tanto esfuerzo se ponga en otra cosa.
-Madura -habrá pensado. -Ser socialista de joven es una tontería enaltecedora. Luego viene el a Lo que te truje, Chencha. 
Días antes de descubrirse la trama con quien Ovidio aleccionó -ando particularmente mamón-, esa chata acudió a una charla con sus antiguos camaradas. 
Fui por casualidad y le creí todo:
-Estoy muy sola, necesito de ustedes para guiarme. No he hecho nada reprobable. Confién en mí y ayúdenme.
No, pues ya estaba metida hasta las manitas en quién sabe qué cochupos. 
¿Se le cayó el mundo encima al divulgarse el asunto? Solo Salinas, creo, era ya tan hábil como ella. 
Para gente de mi estilo, R saltó al último círculo entre los infames, cuando fue a sacarle las castañas que ardían al entonces gobernador Peña Nieto en una cuestión delicadísima: el súbito crecimiento exponencial del feminicidio en ese estado. 
-Tranquilo -le dijo. -Esto se maneja con los medios. Basta sepultar las cifras bajo el silencio.
Y así quien poco antes parecía próxima, segura primera presidenta nacional, terminó por despejar puertas a nuestra peor plaga.
¿Pagarás?
"Arrestada Rosario (...) La justicia mexicana ordena prisión preventiva contra la exfuncionaria por dos meses para ampliar la investigación de una trama de corrupción."
AMLO siente por ella un odio histórico, previo, me parece, a las malas anzandas -era el peor obstáculo en sus pretenciones, ¿no?-. Quizás y muy apenas quizás...  
 
    
      

miércoles, 7 de agosto de 2019

Encrucijada II (¿o será III o C?)

Durante la posrevolución nuestra ciudad crea una o varias nuevas noches. No solo sus vidas van allí; también la imaginación sobre ellas.
Durante el porfiriato el teatro de revista es un animado, picaresco entredicho nocturno que se airea. Pero cuanto de lo demás puebla ese mundo que nace al caer el sol, transcurre en el silencio o el vilipendio público. La prostitución callejera, la cantina y la pulcata proliferan por los barriales, muy lejos física o prácticamente de lo que la sociedad presume. No importa si están a espaldas de calles de buena educación, un sólido muro invisible se alza entre ellas.
A partir de 1920, en cambio, los tugurios, los burdeles en regla y las hileras de cuartuchos que sirven a las “perdidas” son esencia misma del Centro y se asientan sin remilgos aquí y allá, acompañando al festejo de la autóctona modernidad siglo XX, de cines, carpas, cabaretes, salones de baile, estaciones de radio, convertidos en escuelas y laboratorios de comportamiento entre los cuales la población se reinventa sin parar, haciendo de las calles pasarelas.
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Paro ahí lo que escribí casi tiempo como parte de artículos en serie publicados nuevamente hace poco. El reino de la pasión se llamaba ese y decía también: Es 1938, digamos, un año antes de que un reglamento intente liberar la vía pública de la epidemia de besos.
No imaginaba ver en aquel año una posible revolución que pronto detendrían. 
Caprichoso yo mirando el pasado. Bueno, no tanto, ¿cierto?
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Otra vez hago alto, preguntándome si en verdad recién viví Un fin de semana perfecto, con Gewandhaus y toda la cosa.

martes, 30 de julio de 2019

Tres tantos

Tradicionalmente desquiciado, anoche andaba a un tiempo en el cardenismo y entre las coronas de Castilla y Aragón y los restos del imperio carolíngeo haciendo preguntas que mi torpeza no vio treinta años atrás, cuando un viejo amigo fue sorprendido por reporteros mientras despotricaba contra Morena y nuestro gobierno nacional en cargos medios y bajos. 
El partido se perrediza y no acompañan los esfuerzos presidenciales, estalló durante cursos para formar cuadros y lo convirtieron en primera plana. Acostumbra sostener sus dichos y refresca así las críticas de nuestra izquierda social y lo más sano en torno suyo.
Ensoberbecidos, tronarán contra él quienes por decadencia del régimen y cansancio ciudadano triunfaron arrolladoramente hace diez meses,  quizás a excepción del líder, que puede aprovechar el momento para limpiar un poco la casa o intentarlo o solo declararlo, porque es también  responsable del lío y tal vez su principal motivo. 
No estábamos desencaminados los que adelantamos un temprano caos en la Cuarta Transformación, como gustan llamarla con aires mesiánicos, esperando mucho mejores tiempos. ¿Nuestra derecha está feliz? Seguro la más noña y la más retardataria, dos caras de una misma moneda. El resto o está alidado abierta o subrepciciamente al proceso, o lo aprovecha.
¿Desafino perseverando en el cardenismo, ahora ayudado por otros antiguos compañeros, y a lo escueto ando los cerros de Úveda, conforme a un decir popular olvidado, paseándome entre Sevilla y los Fugger, Wesler y prolegónemos flamencos de la Compañía de Indias Orientales, hacia 1450-1550? 
Busco referencias para una utopía que en su etapa inicial aliviaría planetariamente los peores, pedestres efectos del mercado. (Le corrijo la plana, don Carlitos, un poco, apenas eso, jeje.)
El último viaje, pueden observar, requiere mi desaparción... y aquí estoy, en esas tres horas que a ratos comparto con quienes me conocen.
-¿Y la batería? -preguntan los compañeros de trabajo y estalla una carcajada general.
-¿Dónde quedó? -pienso. -En el restaurante, tras recoger mi chip perdido ante Manitas de seda, cuya figura no ubico entre los pasajeros alrededor, camino a la charla que por fuerza fracasaría. 
¿Cómo explicarles? Simplificando, el matrimonio de los Reyes Católicos empieza a construir España, Estado nación, estructura recién nacida, en Occidente, desde luego, omnimoda realidad más o menos en ciernes también, aunque tenga antiguas bases -ya saben: el imperio romano se parte, Carlo Magno crea otro, europeo, etcétera.
-Te paso uno -dice Óscar.
-¿Imperio, celular? -debería responder mientras sigo las bromas contrito, pues no sé que perderé ahora. Lo virgen se me quitó cincuenta y nueve años atrás.
Dentro, continuo. El papado otorga exclusividad a la Castilla de Isabel I para explorar los mares encontrados por Colón. ¿Sólo se beneficiará, entonces, una porción de esa España que emerge? No y ni siquiera con preferencia cuando los monarcas tienen un hijo cuyo nombre, Carlos, lo dice todo,  y el propio Santo Padre le nombra, en consecuencia, heredero del Sacro Imperio Romano Germánico. La obra está hecha y habrá una racional división del trabajo: los castellanos serán conquistadores, y catalanes y compañía; flamencos, "alemanes", "italianos", se harán financiadores y usufructuarios del vario producto americano, en bien de la causa superior que el Vaticano vela quién sabe cuánto sabiéndolo bien a bien.                     
-¡Nunca me hacen caso! -trueno y mis compañeros toleran el desplante y lo fustigan un poco.
Trató de transmitirles la importancia de algo que les tiene sin cuidado.
-Abro un espacio para la comunidad cultural de esa alcaldía (mal rayo me parta ((jeje)) metiendo mano en lo que no debería interesarme -quisiera decirles).
Soy un imbécil, por ello y por la batería, aunque, claro, Occidente abriendose paso para condenar al mundo y tenernos así hoy, no es cualquier cosa.
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lunes, 29 de julio de 2019

Encrucijada

Me apena involucrarme personalmente en el tema. Ni modo, es nuestra regla, nietos, y termina sirviendo, espero.


Walter Bejamin
Luchamos sobre todo por los muertos, por quienes lo hicieron antes, dijo en resumen un pensador cuyo final parecía erremediable, huyendo del fascismo para terminar suicidándose pues su carrera personal no lograba sustentarlo "con decencia"*.
Escuché la frase citada indirectamente, cuando llevé a jóvenes para que escucharan a mi entonces gurú de cuatro décadas. 
Benjamín padeció uno de los trece exilios a México que yo había estudiado y resultaron en una infumable serie televisiva. Por cuenta propia escribí luego artículos cuya primera entrega fue esta: 
Treinta años vivió en México Luis Cardoza y Aragón abrazado al árbol de su infancia, en el centro del jardín familiar de un barrio de La Antigua, Guatemala, que el exilio dejó tras una barrera infranqueable. Al regresar, el árbol había desparecido, con la calle, que era una irreconocible otra. El escritor no se levantaría jamás de una muerte que hacía vacilar en la nada los treinta años.
Para entonces Pablo Neruda había escrito muy lejos de casa:
Les contaré que en la ciudad viví
en cierta calle...
No se podía ir y venir,
Había tantas gentes...
Todo me pareció brillante...
y era sonoro.
Hace ya tiempo de esta calle,
hace ya tiempo que no escucho nada...
Dulce nostalgia la suya, que podía ignorar la calle impresa en sus compatriotas repartidos por el mundo tras 1973: vuelta silencio y dolor.
Más de tres décadas atrás Victor Serge se paseaba con su inseparable hijo por el bullicio de una noche en la Alameda Central de la ciudad de México, y entre la reposada, sonriente feria de familias se le venían una y otra vez las estampas del último en la serie de exilios que era su vida, y el reclamo de los rostros de los compañeros que quedaron en la Francia ocupada por la Alemania nazi.
Yo no sabía nada de Cardoza, de Neruda, de Serge, cuando en los 1950s crecía en aquella misma ciudad entre dos padres que no abrían la boca para hablar de la Guerra Civil española, sino cuando se trataba de aligerar el drama, y estaban y no en la casita de dos pisos donde nos criaban. S
e adelantaba treinta años al Humberto Costantini que miraba por la ventana la luna mexicana, “chanta”, mentirosa, porque la de verdad no había salido de Buenos Aires, como él casi justo en el momento en que ella, mi madre, hacía las maletas para volver a la España sin Franco y ser de nuevo de carne y hueso. 

Un poco antes Alejo Carpentier discutía el lugar común nacido entre el boom de la literatura latinoamericana, que rezaba: marcharse es la mejor manera de ver el lugar de origen. Alguien revisaría luego la crítica del escritor a través de su serie de artículos La Habana vista por un turista cubano.
El alguien decía de este paseo imaginario**: "Los exiliados de Carpentier habitan un ámbito atemporal -una suerte de estado de suspensión".
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El gurú se refirió a Benjamín para ilustrarnos nuestro reto presente, de un dramatismo incomparable aun con el representado por los exilios y sus orígenes, pues es la llamada final.
Este último, modesto viaje, busca a muertos y vivos, repitiendo para mí, sin necesidad pues Uno impide que ande los pasos del gran teórico alemán, las Palabras a Julia que un poeta dedicó a su hija: "Tú no puedes volver atrás/ porque la vida ya te empuja/ como un aullido interminable (...)// Un hombre solo, una mujer/ así tomados, de uno en uno/ son como polvo, no son nada (...)// Otros esperan que resistas..."***
Este cuaderno termina siendo otra encrucijada entre los demás: ¿Se puede decir Adios?     
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Salgo de aquí y veo una foto. 
Recorto el cuerpo porque, esquelético, roba la atención. Es el rostro de este pequeño de Yemen lo que rompe el alma. Nadie sabe tanto como él. Seguir viviendo después de verlo resulta casi un pecado. Somos una mierda como sociedad.

Unos 85 mil han muerto en esas condiciones durante los últimos cinco años



* Bolivar Echeverría en el prólogo a Tesis sobre la historia y otros fragmentos
** Olvido citar al autor porque no está ni con mucho a la altura de los anteriores. Otro tanto apliquese a mí, que aparezco llanamente como El Belar. 
*** José Agustín Goytisolo.  

viernes, 26 de julio de 2019

Bendito cigarro

Las sirenas, las voces del abuelo, Agustín y los demás discutiendo.
-"Esta es la cara del Katún, del Trece Ahau: se quebrará el rostro del sol. Caerá rompiéndose sobre los dioses de ahora...” -dice un coro quién sabe dónde.
-"El mar será un fluido rojo y el cielo como sangre
"Sangre roja de guerra teñirá el mundo hasta la cumbre de los montes..."
Nuevas frases se suman, hasta el infinito.

Leo otra vez esa hoja suelta que encontré semiescondida en un libro. Papel, letra, tinta, dicen muy poco y no atino cuándo la escribí. El piano que allí se escucha al lado contrario de la calle, podría ser de hoy o mis trece años.
Los largos, inteligentes dedos mulatos repiten los que gesticulan ahora, como el balcón enrejado y la estancia de donde viene el piano, relatada por un ventilador, o la mesera con media vida aquí y su historia de fracturas colocando frente a mí el café y una sonrisa.
¿Cuándo fue?, insisto dando gracias a esa pequeña joya que me permite estar donde quiera. Por ejemplo, cuando Ella se hizo una habitual del barrio para recibir su herencia de mujer atrevida. O la mañana con Simón y los suyos a punto de asaltar el despacho del siniestro líder sindical. O aquellas tardes de viernes aireando mi buena fortuna entre la estación del autobús que me traía de la ciudad pequeña y el par de días por delante de aventuras sin itinerario previsto.
Convoco al escritor que acostumbra seguir a sus personajes en la obsesiva repetición de rutas siempre iguales y distintas. Yo era un niño de meses, seguro, la primera vez que me trajeron a La Parada, luego de una de las visitas a los abuelos, para luego volver maniáticamente. No importaba si el barrio caía en desgracia y se semivaciaba, arruinándose, como todo en el delirio de la ciudad que se buscaba cada vez más lejos.
Volvía, vuelvo, aunque de trecho en trecho con ahínco o apremio mi vida se aleje aprisa de los orígenes y olvide el regreso no a papá y mamá sino a los músicos, la calle por el ventanal, el mercado, la animación de los zaguanes, los misterios de los patios abriéndose detrás, el callejón de milagros que fue mío mucho antes que de Ella y sin embargo...
-Bendito cigarro- pienso veinte años después cuadras allá, pues gracias a él salgo cada tanto del hermoso patio colonial donde reunimos, dicen en plural y quizá sea cierto, a doscientos teatreros, bailarinas, músicos, mimos, administradores de la cultural, promotores comunitarios, expertos en legislación. -¿Qué hago aquí? Sí, todo es útil y donde quiera sirve mi experiencia y a quienes creen o realmente represento. 
"¿Pero cuánta generosidad y qué tanto simple interés hay entre ellos y "nosotros", funcionarios legitimándose entremedio porque corren "nuevos tiempos"? ¿Y después? Para darle continuidad tendría que estar dale y dale, compeliéndolos, blufeando con mi baza poco o mucho, según se requiera.
"¿Y los proyectos vecinales, las comunidades que abandoné, Lupita y su GuarriLeng compañera, nuevas guías espirituales y ya no solo ideológicas, cuya invitación declino, aunque a decir verdad soy más solitante que invitado?"
No, no escucho sirenas, las voces del abuelo, Agustín y los demás discutiendo.  
Desperté tarde pues Corazón Mío tuvo a bien recibirme tras ocho años y por la camarita, cumpliéndome fantasías en un grado inimaginable incluso cuando se decidió separarnos por temor al callejón sin salida adonde nos condujimos. (¿Salí de tono? Era para ver si llegaban hasta aquí y de paso...)  
Perdí también Piedra de las doncellas, como quería decir su nombre anglo-sajón originario. Está hacia el extremo sudoriental de la gran isla, en lo que se llamó Canto y Tierra fronteriza. Invicta le apodaron sus habitantes, no mucho atrás realmente: siglo XI, casi cuando se sentaban las bases del mundo moderno.

-"Esta es la cara del Katún, del Trece Ahau: se quebrará el rostro del sol. Caerá rompiéndose sobre los dioses de ahora...” -dice un coro quién sabe dónde.
-"El mar será un fluido rojo y el cielo como sangre
"Sangre roja de guerra teñirá el mundo hasta la cumbre de los montes..."
Nuevas frases se suman, hasta el infinito.
¿Sí, cuando me preparo a marchar al hermoso salón donde bendeciré a mi cigarro?